Como seguramente ya sabes, noviembre es por excelencia el mes del miedo y de la muerte.

Las costumbres cristianas y paganas se entremezclan desde que la globalización llega a cualquier rincón de la tierra. Los festejos, que son múltiples y variados, nos invitan a rememorar a las personas de nuestras familias, y otros seres queridos, que están al otro lado.

La conmemoración de la noche de los muertos, la noche de finaos, la festividad de Halloween y de todos los santos, por un lado y la energía de la madre tierra en otoño y los eclipses -que en estos días eclipsan nuestra vida- por otro, nos invitan a adentrarnos en nuestras profundidades y a mirar hacia dentro para poder destapar la caja de pandora y tratar de poner luz en nuestra propia oscuridad.

Y en medio de todo esto, no sé tú pero yo, estoy inmersa en una lentitud simpática, me siento un poco atropellada en la expresión y estoy necesitando dormir mucho, -cuando lo consigo-, porque me despierto varias veces durante la noche. Mi mente tiene como una especie de tela de araña, de esas que vemos en los escaparates estos días y, mis pensamientos y sentimientos, me invitan a reflexionar sobre el sentido de lo que hago y, en general, sobre mi vida.

       

Es como si estuviera haciendo un reseteo que me está llevando a soltar compromisos, cosas y personas. Sin ir más lejos, hace unas semanas revisé todo mi armario y en un ejercicio, precisamente de aligerar, fui tocando cada prenda, cada tejido y dejándome sentir si quería que estuviera en mi vida o no. Lo hice con consciencia, como si se tratara de una metáfora vital, porque hay tejidos que ya no soporto sobre mi piel, igual que siento que hay relaciones que tampoco me aportan y en las que no estoy a gusto, situaciones que ahora elijo no vivir y conversaciones que no quiero mantener.

Creo que es un momento perfecto para recrearnos en el silencio y así poder entrar en nuestra parte más oscura, para mirar de frente a los miedos y poder observar todo lo que va muriendo en un gesto de amor hacia ti. Y para eso , es necesario desengancharnos de los patrones viejos y tener confianza en que otra vida volverá a brotar en primavera, para ello se hace necesario soltar el control e ir haciéndole hueco a lo que está por llegar.


    Para darle un lugar a esos miedos y esas pequeñas grandes muertes te propongo:

    • Que te permitas sentir que el miedo no es el límite. En muchísimos casos el límite te lo estás poniendo tú. Trata de ir un poco más allá con amor y humor.
    • Cuando sientas miedo pregúntale o pregúntate: ¿Qué necesito yo ahora con respecto a este miedo que siento?

    ¿Aceptas el reto ? ¿En qué te está limitando tu miedo? ¿Qué quieres dejar morir ahora?

    Personalmente, estoy dando voz y espacio a mi mujer guía, a esa mujer sabia que me habita y que cuando la escucho me devuelve a casa, a la paz interna, a la confianza y al equilibrio y, el miedo, aunque está se disipa. Cuando no la escucho casi que enloquece y me susurra que, si sigo por ahí, es fácil sentir que nada tiene sentido.

         

    Quiero desearte una bonita noche de finaos. Yo prepararé mi altar para honrar a los hombres y mujeres que me han precedido y que me siguen acompañando en este transitar de la vida.

    Que también tú disfrutes de los altares, de los vinos y las castañas y, sobre todo, del reencuentro con los del más allá y de la celebración.

    Un abrazo de otoño, 

    Elena Jerónimo.

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