Debe ser que estoy en esta sintonía con este tema, porque últimamente veo, leo y escucho esta frase que, por cierto, me resuena muchísimo y es que creo, de verdad, que…

¡Pedir ayuda es de valientes!

A veces, no es fácil reconocerlo porque para ello se hace necesario ser humildes y abrazar nuestra vulnerabilidad.

Y yo, estoy en ello. Por fin, después de prácticamente un año, ocupándome de todo lo demás y de todos los demás, estoy con la mirada puesta en mí.

Y sí, me apetece compartirlo contigo. No sé si será un post muy instructivo para ti, pero es importante que normalicemos que, cuando no podemos seguir adelante solas, hay que pedir ayuda.

Yo estoy siendo sostenida y en proceso de revisión con profesionales que trabajan desde diferentes enfoques y disciplinas: la psicología, el coaching, la medicina alternativa, etc.

Y por supuesto, están mis amigas que cuidan de mí con su exquisita presencia: unas están más cerca y otras más lejos, pero sé que están y eso me da mucha tranquilidad y serenidad.

La meditación, los aceites esenciales, los licuados, la alimentación sana, la música y todos los cuidados de mi pareja y mi familia también son un bálsamo maravilloso.

Y la guinda,  sigue siendo la naturaleza. ¡Bendita sea!

Así que estoy abrazando mi vulnerabilidad, me he rendido y me dejo cuidar. No me resulta fácil. Soy más de dar que de recibir y ahí está mi trabajo ahora… en respetar mi ritmo, en ser consciente de cómo y para qué está mi energía, con compasión y humildad.

Porque pedir ayuda y dejarnos ayudar cuando lo necesitamos, es de valientes.

Este ejercicio de honestidad me permitirá volver a hacer lo que me gusta de una manera más orgánica y suave.

Y tú, ¿pides ayuda cuando lo necesitas?

¿Te apetece compartir tus impresiones?

Envíame un correo a elena [@] elenajeronimo.com, estaré encantada de leerte.