Callarte no es la solución.

Callarte no es la solución.

En este post quiero compartir contigo algo que, de manera recurrente, hacemos para no importunar a otra persona o para no correr los riesgos que puede tener el hecho de decir no o de poner límites.

No sé si has reflexionado alguna vez sobre lo que te sucede cuando te callas queriendo gritar para decir lo que piensas; cuando dices sí y quieres decir no; cuando quieres poner un límite ante una situación y dejas que la otra parte se pase cuatro pueblos; cuando algo que quieres sacar fuera se te atraganta; cuando tienes una conversación pendiente y pasan los días sin que encuentres las fuerzas necesarias para poder hacerlo.

¿Te has parado a observar qué sucede dentro de ti ante cada una de estas situaciones? Seguramente estarás de acuerdo conmigo en que “callarte no es la solución”.

¿En algún momento de tu vida has podido dedicarte el tiempo y el espacio para conectar con lo más profundo de ti y darte cuenta de qué sucede en tu cuerpo?

Puede que te duela la garganta, que te quedes con apenas un hilo de voz, que te cueste expresarte, que no encuentres las palabras adecuadas para lo que quieres decir, que sientas que te estás trabando cuando hablas y un largo etc.

Puede que se te anude el estómago, que se te afloje la barriga, que se te contracturen la espalda y los hombros.

Puede que te sientas triste, que decidas aislarte, que te pongas a la defensiva, que estés más irascible, que te genere insomnio y/o ansiedad.



Y ante esto, ¿qué puedes hacer?

Lo primero y más importante es que aprendas a escucharte, que desarrolles la escucha interna para que puedas tomar consciencia de que esto es algo que se da en ti y que te afecta.

A partir de ahí podrás compartir lo que te sucede, expresar cómo te sientes y pedir lo que necesites. Verás que hacerlo te aportará alivio y mucha libertad. Cualquiera de estas opciones es un acto de respeto y amor hacia ti.

Es probable que se te haya disparado tu pepito grillo, ese que te dice “como si fuera tan fácil”.

Por si fuera así, aquí te doy algunas claves sobre cómo hacerlo para que no sigas aplazando esa conversación pendiente:

  • Busca el lugar y el momento adecuado… porque el entorno sí importa y tu energía y disposición también.
  • Expresa y comparte cuál es el conflicto, la dificultad, el problema.
  • Manifiesta cómo te hace sentir esa situación, comparte generosamente tus sentimientos.
  • Plantea qué necesitas y, por último, agradece a la otra persona el haberte escuchado.


Aquí tienes un ejemplo cotidiano:


Cuando hablo contigo y me interrumpes, yo me enfado, me cabreo y me dan ganas de mandarme a mudar… porque siento que lo que quiero decirte no te importa y que mi opinión no vale nada… necesito que me escuches sin interrumpirme, que tengas en cuenta mi opinión y hagas algo al respecto. Gracias.
 



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