El síndrome de la rana hervida

¿Por qué aguanto lo inaguantable?
El síndrome de la rana hervida

¿Alguna vez has aguantado una situación hasta un límite inimaginable?  Pues no te pasa solo a ti. Creo que el síndrome de la rana hervida te ha poseído.

Si pones una rana en un recipiente lleno de agua y empiezas a calentarla, a medida que vaya subiendo la temperatura del agua, la rana irá ajustando su propia temperatura. Cuando el agua esté a punto de ebullición ya no podrá seguir haciendo este ajuste porque habrá empleado todas sus fuerzas en ello. En este punto, justo ahí, la rana decidirá saltar, pero será incapaz de hacerlo porque habrá empleado todo su esfuerzo en ajustar la temperatura. Así que la rana, tristemente, morirá.

¿Qué mató a la rana? No fue el agua hirviendo, fue su incapacidad para decidir cuándo saltar.

El síndrome de la rana hervida nos regala una maravillosa reflexión sobre esos momentos en los que, forzosamente, es necesario hacer frente a determinadas situaciones y llevar a cabo acciones, antes de que puedas perder las fuerzas para saltar.

Seguramente tendrás una alta capacidad para aguantar y soportar hechos que te van cocinando lentamente. Y ahí, prisioneros del miedo, de las comodidades y de las excusas, te vas desgastando y dejándote todas esas fuerzas que necesitamos para poder brincar.

Esta fábula de la rana hervida está basada en una ley física real: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto, la rana se queda quieta y muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

A modo de conclusión: si echas una rana en una olla con agua fría y lentamente vas calentando el agua puede llegar a morir sin apenas darse cuenta de ello. En cambio, si echas la rana al agua ya caliente, ésta pegará un gran salto evitando el peligro. Esto es lo que ocurre cuando la vida te sacude bruscamente con alguna situación inesperada.

El síndrome de la rana hervida es algo común. En algún momento nos ha tocado padecerlo, puesto que muchas veces nos resulta imposible escapar a hechos, situaciones y actitudes que nos producen auténtico malestar, pero que a fuerza de adaptación hemos hecho que se vayan convirtiendo en algo “aguantable” o “soportable”.

Así que, quiero darte algunas recomendaciones para que la próxima vez puedas evitarlo:

  1. Aprende a identificar esas situaciones.
  2. Decide cuando saltar. Hazlo mientras tengas fuerzas para hacerlo
  3. Se consciente de que nadie lo hará por ti.

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